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jueves, 6 de febrero de 2014

De jornaleros a dueños de La Clementina

Hace poco más de un mes la hacienda La Clementina pasó oficialmente a manos de más de 1.600 empleados asociados en la cooperativa Coproclem. La actividad en el sitio está marcada por el compromiso de producir y pagar el préstamo de $ 80 millones facilitado por la CFN.

En la planta de procesamiento Palizada 1 se percibe entusiasmo entre los trabajadores. El invierno y la temperatura hacen que se produzca alrededor de un 14% más de cajas de fruta. Foto: Karly Torres
En la planta de procesamiento Palizada 1 se percibe entusiasmo entre los trabajadores. El invierno y la temperatura hacen que se produzca alrededor de un 14% más de cajas de fruta. Foto: Karly Torres
Ha pasado poco más de un mes, las lluvias llegaron y la hierba reverdeció como un signo de nuevos tiempos. Las reses pacen con agrado, las plantas de banano crecen a buen ritmo y en los 12 centros de procesamiento las frutas se lavan, encajonan y despachan.
Todo en la hacienda La Clementina parece estar como siempre, salvo por un detalle: ya nadie habla de Exportadora Bananera Noboa y a muchos aún les cuesta recordar el nombre adoptado por la cooperativa de trabajadores que adquirió el predio  por más de 78 millones de dólares, en un proceso de incautación y remate no exento de controversia.
A los 1.600 trabajadores asociados a Coproclem (Cooperativa de Producción Clementina) les cae  como anillo al dedo aquel refrán que dice que ‘el ojo del amo engorda al caballo’, pues  desde el 4 de enero, cuando la hacienda pasó oficialmente de manos del empresario Álvaro Noboa a sus empleados, sobre ellos pesa la responsabilidad de que despegue o se vaya al despeñadero.

lunes, 21 de octubre de 2013

Tres dueños y una casa


(SERPRES).- Tres familias escogieron y compraron la misma casa en Bogotá, pero se la compraron a quien no era su dueña, sino una mujer que obtuvo una cédula con su mismo nombre. Ahora los tres compradores no tiene casa ni plata y la única verdadera dueña tiene a su nombre tres procesos por estafa. Qué Tal Esto.
El pasado mes de abril, Diana, Edison y Cristian coincidieron en tratar de hacer realidad el sueño de tener vivienda propia y el primer paso se dio luego de ver un anuncio en el periódico.
Lo mismo hizo Diana, quién además se sintió con suerte, pues el aparente dueño decidió hacerle una generosa rebaja en el precio que inicialmente era de 90 millones de pesos.
El siguiente paso fue ver la futura casa y el encargado de mostrarla era John Freimar Castellanos Escobar quien vivía aquí como inquilino de Yeny Jiménez, la verdadera dueña del inmueble.
Luego de verla, Edison decidió que era justo lo que estaba buscando. “Tenía sus dos pisos, tenía su local, tenía su terraza con buena estructura para seguir con el tercer piso, que eso era lo que nosotros pensábamos”, afirmó Edison.