viernes, 27 de diciembre de 2013

La retirada de Bieber causa un caos mediático



Que dice Justin Bieber que se retira. Que se retira, pero que estará siempre en nuestros corazones. Hace unas semanas, lo dejó caer en un programa de radio y nadie le hizo demasiado caso. Y ayer, día de Navidad, anunció solemnemente en Twitter: “Mis queridos beliebers, me retiro oficialmente”. Supongo que habrá millones de fans desolados en todo el mundo (al menos, los 48 millones de seguidores que tiene en Twitter), pero a mí se me ocurren pocos regalos de Navidad mejores que este.
La lástima es que este anuncio apesta a movimiento estratégico y campaña de marketing. Más que nada porque coincide con el lanzamiento de noséquédocumental y noséquédiscodeéxitos. Pura campaña promocional, vamos.
Además, Bieber no es el primero que amaga con irse para luego seguir dando la tabarra por los siglos de los siglos, amén. Mira, Britney Spears y Jay-Z o las incombustibles Cher y Barbra Streisand, siempre anunciando un último disco, un último tour, un concierto de despedida... Palabras vacías para llenar bolsillos (los suyos, claro) y titulares.
Las estrellas de Hollywood, como Emma Watson o Alec Baldwin, también suelen amenazar de vez en cuando con la jubilación anticipada, para luego tomarse tres meses de vacaciones y seguir cotizando como todo hijo de vecino. El año pasado, Johnny Depp anunció que estaba pensando dejar el cine y dedicarse a la vida contemplativa en su isla caribeña. Pero, a juzgar por su agenda (está rodando dos pelis, tiene dos más pendientes de estreno y otras dos en plena preproducción) no creo que cumpla su palabra. Como Brad Pitt y Angelina Jolie, que llevan repitiendo la misma cantinela desde hace años y que nunca acaban de consumar la amenaza. Al revés: ruedan, producen y dirigen non stop en cualquier rincón del planeta. Cualquier cosa antes de estar quietitos en casa. 
Así que cuando Bieber, de 19 años, anuncia su retirada a bombo y platillo no queda otra que desconfiar. No caerá esa breva. Desde luego, no le vendría mal, después de una temporadita de comportamiento errático. Pero témome que, a lo sumo, se tomará un año sabático mientras maquina su esperadísimo retorno. Tiempo al tiempo.



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